Nos levantamos y esta vez quisimos cambiar de lugar de desayuno. Salimos y vamos en busca de milkshakes de fresa y los encontramos de nuevo en La Buga, donde merendamos el día anterior. Tostadas de pan de coco, con mantequilla y mermelada de piña me daban la bienvenida de ese día 😍 El desayuno no fue barato (23$), pero las vistas y el lugar merecían la pena.

Después nos vamos justo al lado de nuestro hotel Selina a coger el bote que nos llevará a Isla Carenero por 2$ por persona. Menuda sorpresa nos íbamos a llevar hoy!
Qué playas tan bonitaaaaaaas! Otro paraíso descubierto!!!!!. Hay dos, la primera más cercana donde te deja el bote y otra un poco más alejada, caminando unos 10′ más está la más bonita y más grande. Estuvimos toda la mañana allí, sin querer movernos. Playa azul turquesa, música que traen los lugareños y sol para tostarnos hasta la hora de comer.
Al salir de la playa, de camino, encontramos un chiringuito y decidimos pararnos a tomar nuestra ya tan necesitada piña colada! Nos tumbamos en las camas sobre el mar a tomar el sol mientras disfrutábamos de las vistas. Nos costó 20$ a los 4 estar allí con el cocktail en la mano. Un lujo de bajo coste pero momentazo donde los haya con música incluida.
Hora de irnos. La vuelta nos costó 1’5$ por persona y nos dejó en el mismo embarcadero del hotel. Si lo pides, te dejan en tu hotel sin ningún problema. Se nos echaba el tiempo encima. Aún debíamos ducharnos para salir hacia Panamá a hacer noche que al día siguiente nos esperaba San Blas, por lo que decidimos comer de nuevo en el Chitré por 8$ por persona el plato combinado.
Nos duchamos y hacia el aeropuerto que el avión nos sale a las 18h hacia panama city. Aroa salía también desde Isla Colón a Almirante con el bote. Ivan la acompañó al embarcadero y salimos hacia el aeropuerto.
Sobre las 19:40 (en 1 horita) llegamos a la ciudad, donde nos espera el taxi que nos llevará directo a nuestro hotel por 25$. Nos hospedamos en el Hotel Casa Antigua Panamá por 45$ la noche, es caro, pero mereció la pena no tener que coger un Uber para llegar al hotel, como nuestra última noche. Entre coger un taxi ida y vuelta, merece la pena quedarse en el Casco Viejo.

Descargamos maletas en la habitación y salimos a cenar. Dimos varias vueltas paseando por el Casco Viejo y todos los restaurantes de la zona te insisten en que su restaurante es el mejor. Un poco agobiante por lo que fuimos a tiro fijo con la recomendación que Lucía le dió a Ivan, el Tántalo fue la opción. Desde luego, no nos decepcionó en absoluto. El servicio increíble, la comida espectacular y el ambiente joven pero tranquilo. La cena para los tres nos costó 96$ propina no incluida a elegir entre el 10% el 15% o el 20%
A dormir…mañana San Blas














Thank you so much Jenni 🙂 Kisses