CUZCO – BCN

14 de Abril 2017

Último día de nuestro viaje.

Aroa y Victor deciden hacer la montaña de los 7 colores y nosotros 4 decidimos pasear y disfrutar de un día por Cuzco y de la comida peruana. 

Después del paseo por el mercado de San Blas (precioso un día feriado), entramos en el restaurante Mistura Plaza Grill justo en la plaza de Armas. Nos encantó! que rica la parrillada de carne, el ceviche y toda lo que pudimos probar de la gastronomía peruana. La comida nos costó 70 SOL por persona, bebida incluida.

Descubrimos que el restaurante tenía unas escaleras hacía la parte de arriba y le preguntamos a los camareros si podíamos subir. Pasamos por la cocina y la parte de atrás del restaurante y allí pudimos ver la imagen tan bonita de la Plaza de Armas desde arriba haciendo una de las cosas que más nos gustan, fotos.

Después de comer, damos otra vuelta por el centro y nos apetecía un té mientras esperamos a Victor y Aroa que llegaran al punto de encuentro (la catedral). Por casualidad subimos a lo que parecía un restaurante-cafetería, Bagdad Café se llamaba, donde vimos cómo se amontonaba la gente. No sabíamos que pasaba hasta que nos dimos cuenta que empezaba una procesión (estábamos en Semana Santa y allí son muy devotos). Vimos toda la procesión desde uno de los balcones de la cafetería y nos encantó.

Bagdad Café


Nos gustó tanto, que al llegar Aroa y Victor de la montaña, decidimos cenar allí. La comida era buenísima, pasta, pizza, sopas, cuy,…pedimos varias cosas y nos costó 75 SOL dos personas. Super bien de precio

Así relatan ellos su experiencia en la montaña de los 7 colores 🙂

«Organizar un viaje a la montaña arcoíris es fácil: ir a cualquier agencia en Cusco, regatear precio (70 soles), pagar y esperar a que te pasen a buscar por tu alojamiento al día siguiente…Llegar hasta la montaña, eso, es otra historia… ¿conocéis el dicho “si quieres ver el arco iris tienes que afrontar la tormenta”? Pues prepárense para una tormenta huracanada.

Nuestra aventura comenzó muy temprano. Nos recogieron a las 3am en  nuestro hotel y a partir de ahí emprendimos unos cuantos km por asfalto  y luego por los típicos caminos andinos de tierra por los que tuvimos que hacer un par de paradas para dejar pasar a rebaños de llamas y alpacas que se nos iban cruzando. Si se tiene tendencia a marearse, es recomendable tomar alguna pastilla antes de viajar.  A las 6:30 am llegamos al pueblo de Japura (4300m sobre el nivel del mar), donde paramos a desayunar (pan de pita con tortilla, mantequilla, mermelada y té). 

Ya con el buche lleno solo nos separaba media hora de furgoneta para  emprender nuestra caminata de 11km hasta llegar a la montaña Arco Iris, a 5030 de altura. Justo antes de empezar hay unos lugareños que venden todo tipo de cosas que uno puede necesitar: snacks, bebidas, gorro y guantes (estos últimos totalmente imprescindibles en la cima), eso sí, a precio turista, por lo que recomendamos ser precavido el día anterior a la hora de hacer la mochila. 

Fue a ellos a quienes les alquilamos los bastones de trekking por 5 soles cada uno. Señalamos también, que durante el camino nos encontramos con unas letrinas para posibles emergencias.

Al principio del trayecto te ofrecen la opción de contratar caballos por 80 soles. Nuestro consejo es que no lo hagáis, ya que nadie te explica que en las zonas de mayor dificultad debes bajarte del caballo y el tramo final, que es el más costoso, el caballo tampoco te sube.

La primera parte del camino hasta llegar al valle donde se paga la entrada es fácil, cuesta caminar por la altura, pero en sí no tiene mayor dificultad y el paisaje es realmente precioso. Un marco incomparable, con rebaños de llamas, alpacas y ovejas acompañándote en la travesía.

El día de antes había llovido y había algunos tramos con barro, si no llevas un calzado idóneo puede pasarte lo que a mi, que hizo bastantes tramos de culo al más puro snow style!

Una vez en el control de tíquets a 4930m de altura, uno piensa: listos, esto está ya finiquitado! Pero no, lo peor está por llegar. Esos últimos 100 metros de desnivel son los peores, te parecen interminables, hasta el punto de pensar que hay alguien moviendo la montaña y poniéndola más lejos a medida que uno va avanzando.

Lo ideal hubiese sido realizar ese último tramo de forma suave y haciendo descansos, pero nuestro guía nos alertó que en breve se iba a poner a llover y que debíamos acelerar la marcha en la medida de nuestras posibilidades. Así que los palos de trekking pasaron a ser brazos de grúa con los que Joaquín me estiraba hasta llegar a la deseada cima: la montaña de los 7 colores. 

Por un tema de conservación de los minerales y diferentes tipos de roca, no está permitido caminar encima de ella, así que para apreciarla bien se sube a la montaña que está justo en frente, desde donde también se puede observar las impresionantes vistas del nevado Ausangate y todo el valle a sus alrededores.

Una vez hechas los tres trillones de fotos, vídeos y selfies de rigor, empezamos el descenso. Fue a mitad de camino donde empezamos a notar una ligera presión en la cabeza que fue en aumento y que no desapareció hasta que no nos tomamos un té de coca durante la hora de la comida, la cual la realizamos en el mismo lugar en el que habíamos desayunado. Para recuperar energías nos ofrecieron dos menús, uno de ellos apto para vegetarianos. 

Ya pilas recargadas emprendimos el viaje de vuelta a Cusco, orgullosos por el reto conseguido y deseosos por encontrarnos con el resto de la cuadrilla y realizar la última cena antes de nuestro regreso a España»

Finalizamos nuestro viaje ya programando nuestro próximo destino…JAPÓN…allá vamos! 😉







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